Tómalo en tu próxima reunión de oración. Abre el himno 234 (dependiendo de la edición) y canta con fe. Verás cómo el Espíritu Santo unge esas palabras antiguas de una manera nueva.

Cuando caminamos por los pasillos de nuestras iglesias Metodistas Pentecostales, hay un elemento que resuena más fuerte que la predicación o las oraciones en momentos de quietud: el canto. Y el corazón de ese canto, el mapa que guía nuestra devoción, se encuentra en nuestro querido .

"Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; ensalzad al que cabalga sobre los cielos..." (Salmos 68:4)

[Tu Nombre/Equipo de Música]

El Poder de la Alabanza: Un Viaje a través del Himnario Metodista Pentecostal